Los derechos de publicación de esta
obra, son de exclusiva propiedad de la ca-
sa editora José González y Cía. Corrientes
1361, correspondiendo los de representa-
ción al autor.
Queda hecho el depósito que marca la
ley— Buenos Aires Mayo de 1914.
EN LA SOMBRA
* Drama en un acto y en Verso
Original de
CHIRLOS ROXLO
(Representado por primera vez en ei Teatro Argentino
en Junio de 1890 y vuelto a representar en el Teatro
Nacional en Abril de 1914.)
DEDICATORIA
ra
ios señorees
Mariano Galé y Arsenio Mary
su agradecido
C. I^OXLO
REPARTO
a — ^
PERSONAJES ACTORES
189Q 1914
María Sra. Espinosa Sra. Quiroga
Jaime Sr. M. Galé Sr. A. Mary
Blási » Díaz » Alippi
Ernesto ........ » Ocampo » Conpscinto
El Doctor ....... . » Martínez » Escarcela
675105
Drama en un aoto y en verso
Original de
CARLOS ROXLO
(Representado por primera vez en el Teatro Ar-
gentino en Junio de 1896 y vuelto a representar
en el Teatro Nacional en Abril de 1914.)
Esta obra, vuelta á representar, sin yo saberlo, casi
á los cuatro lustros de haber reñido victoriosamente su
primer batalla, paréceme que vale muy poca cosa co-
mo labor de ritmo y labor de escena.
Resuelvo imprimirla: en primer lugar, por que nun-
ca les negaré á mis hijos intelectuales el derecho que
tienen á llevar mi nombre; y en segundo lugar, á fin
de que se salven los errores de que pudieran adolecer las
copias que se han hecho, ó que se hicieren, del texto
original.
De todos modos, grande es mi gratitud para los ar-
tistas que la representaron por vez primera; para los
actores que la están exhumando tan admirablemente en
la actualidad; y para el público de Buenos Aires, que
tuvo la complacencia de aplaudirla en 1896 y la cor-
tesía de no silbarla en 1914,
Abril 26.
CARLOS ROXLO.
- 5 —
ACTO UNICO
Taller de pintor. — Cuadros, estatuas, panoplias, etc.
— Puerta y ventana en el foro. — Puertas laterales con
amplias colgaduras. — <En el centro una mesa. — Sobre
la mesa el canastillo de costura de María. — Un si-
llón junto á la mesa. — 'Anochece. — Epoca actual.
ESCENA PRIMERA
Jaime y María (en la ventana)
María Lenta la tarde declina
entre franjas de carmín,
y flotan sobre el jardín
los flecos de la neblina ;
hay ruidos en la cortina
del ramaje cimbrador,
y como un beso de amor
de las plantas á la noche,
su aroma destila el broche ■ •
purpúreo de cada flor.
Jaime Vuele la no'che callada
por la inmensidad tranquila ;
no distingue mi pupila
la tarde de la alborada :
y aunque llevo en la mirada
de las sombras el crespón,
mientras me acaricie el son
de tu voz hechizadora,
todo el brillo de la aurora
llenará mi corazón.
¡ Trepad, tinieblas y hielos,
por los troncos del jardín!
; Anchas cintas de carmín,
no importunéis á los cielos !
¡ Entolde con triples velos
una obscuridad sombría
los ojos de mi María,
para que, trémula y loca,
venga á beber en mi boca
los resplandores del día !
María Cuando se apagan las teas
azules del firmamento,
¡ algo más frío que el viento
pasa sobre las ideas !
Jaime ¿Eso dices? No lo creas,
no lo creas, no es verdad;
■la mayor oscuridad,
la mía, la de mis sombras,
yo sé que cuando me nombras
se llena de claridad.
¡Astro que alumbras mi frente
con tu más dulce calor,
yo te digo que es mejor
ser foco que recipiente !
{ La noche más inclemente
nuestro ensueño la ilumina,
como rasga la neblina
más confusa y más opaca,
el faro que se destaca
sobre una roca marina]
(Pausa — Jaime, apoyado en María, va á sen-
tarse en el sillón que está junto á la mesa.
María, sentada al lado suyo, se pone á coser
una prenda de niño).
María Ha de ser desesperado
vivir en sombras, sin luz.
Jaime Es beneficio y no cruz
ser ciego y sentirse amado.
¡ Si tu semblante adorado
mis ojos no pueden ver,
en cambio tengo tu ser,
de carne limpio alhelí,
siempre muy cerca de mí
para ayudarme á mover !
; Tu me pintas los colores
de las puestas de tisú,
y como los pintas tú,
yo los encuentro mejores;
para soñar con las flores
marcho de tu aliento en pos,
que donde estamos los dos
cuanto existe se ireasume,
y hay claridad, hay perfume,
hay primavera y hay Diós !
María (¡turbada) \ Calla, Jaime ! ¡ Si supieras
el tormento que me das !
Taime Quiero que me quieras más
por mucho que ya me quieras.
¡ Mar de sombras plañideras
en que sin rumbo me agito,
y horrible foso maldito
en que han clavado mi cruz,
para llenaros de luz
muchos cielos necesito!
María ¡ Jaime ! ¡ Jaime !
Jaime ¿Me amas?
María ¡ Sí !
Jaime ¡ Los otros te ven, yo nó !
¡ El que mis ojos cegó
fué muy duro para mí !
í Si castigo merecí
otro castigo me diera,
que por muy grande que fuera
la inmensidad de mi error,
fué injusticia superior
no dejarme que te viera!
María ¡Me da miedo tu agonía!
¡ Miedo tu angustia me dá !
Jaime {reprimiéndose) Jaime está bien donde está
la sombra de su María !
, ¡ Guarde para otros el día
sus resplandores más bellos,
y envíe el sol los destellos
que deslumhran ó embelesan,
- 8 —
á los pobres que no besan
el oro de tus cabellos !
(Pausa)
Jaime ¿Y el niño?
María Ya se durmió.
Jaime ¡ Dichosa tú que le ves !
María (distrayéndole) ¡Si vieras qué lindo es
¡ Mucho más lindo que yo !
Jaime (con pasión) Si en tus entrañas halló
molde, sustento y clausura,
¿ cómo extrañar, mi ventura,
que el sol de nuestros amores
tenga todos los primores
de tu gentil hermosura?
í Le idolatro, y me da celos
el amor que le prof esas !
¡'Le amo más cuando no besas
de sus pupilas los cielos 1
¡ Son tan lóbregos los velos
que me impiden contemplarte,
y es tan escasa la parte
que me tocó de alegría,
que quisiera, vida mía,
para mí solo guardarte !
María (emocionada) ¡Mi artista, mi soñador,
que bueno, que bueno eres !
Jaime Cuando dices que me quieres,
me olvido de mi dolor;
hasta el cielo de tu amor
no sube mi noche oscura,
y aunque su fría negrura
tiene grandezas de mar,
¡ es poca para apagar
el fuego de mi ternura !
María ¿Y si mi labio mintiera?
¿Si engañase mi pasión?
Jaime ¡ No despiertes al león !
¡Déjale en su madriguera! * |
- 9 -
j Arrulle siempre á la fiera
de tu voz la melodía,
que si se despierta un día *
y sola se alcanza á ver,
puede su noche extender
sobre tus ojos, María!
ESCENA SEGUNDA
Dichos y Ernesto
Ernesto (saludando) \ Felices tardes, pintor !
\ Señora, muy buenas tardes !
Jaime (sombrío) Buenas, Ernesto.
Ernesto ¿Ya estás
hecho un Júpiter de jaspe?
María ¿Qué ganas con tus tristezas?
Jaime ¿Qué gano con alegrarme?
¡ Ulceras del corazón,
si á la superficie salen,
con el virus que destilan
truecan en ponzoña el aire !
Ernesto (á María) ¿ Siempre lo mismo?
María Lo mismo:
no hay modo de consolarle.
Jaime Siendo tan negra mi noche,
no comprendo que os extrañe
que el luto que hay en mi alma
le preste á todo su traje.
La sombra engendra más sombra,
Todo lo desforme nace
de la obscuridad. El día
puso en las ramas del sauce
lo verde de su esperanza
y el ritmo de sus cantares.
¡ La noche, madre del buho,
conoce que es mala madre,
y siempre que engendra, llora
sangre de su mejor sangre!
¡ Por eso la esculpió en mármol,
muy sombría, Miguel Angel I
- 10 -
Eb íESTO ; Xo re quejes! ¡no te queje-'
Te dejaron, al cegarte,
con tus ensueños de artista
del amor la claridades :
; una vela sobre el foque
y viento para el velamen !
Jaime A las playas de la dicha
nunca llegará la nave,
qjte está la noche muy negra
y está el puerto muy distante !
Ernesto Envidia te tienen muchos.
Jaime Hacen mal en envidiarme.
; Envidia? ;á quién? ; al pintor?
¡ Rota la paleta yáce !
¡ Desnudo yace el modelo,
sin que su hermosura empañes
las miradas que soñaron
nacer inmortal lo frágil !
¡ El artista se ha dormido !
¡ Xo lo despertéis ! ; Dejadle !
-Para qué turbar su sueño?
; Qué le diréis cuando os hable
de los verdores que tiemblan
en el fondo de los valles
mientra- cruza las cuchillas
el lucero de la tarde ?
; Qué le diréis - (Muchas sombras'
; Siempre sombras!
María (con piedad) ¡Calla. Jaime!
Jaime ;A quién envidian? ¿Al hombre?
¡ Los que me envidian no saben
que el amargor más amargo
de las heces de mi cáliz,
es acercarme á una cuna,
abrir sus blancos cendales,
y encontrarme con la noche
donde sé que duerme un ángel !
Eenksto Pero el esposo
- 11 -
Jaime
Ernesto
María
Ernesto
María
Jaims
Blas
¡ El esposo
sufre tanto como el padre !
; Tu la ves ; yo no la veo !
¡ Tu puedes, siendo cobarde,
defenderla de un insulto
y vengarla de un ultraje!
Yo, por más fuerte que sea,
no puedo luchar con nadie,
que si me pide socorro
y si pretendo prestársele,
maniatado por mis sombras,
bien sujeto en sus cordajes,
¿ dónde iré que no me encuentre
con los muros de mi cárcel?
Es mía, ¿verdad que es mía?
Pero tú ves su semblante
y conoces en sus ojos
el cariño ó el desaire;
¡ en cambio yo, siendo mía,
para soñar con su imagen,
tengo que cruzar cien noches
más profundas que cien mares !
¿Envidia? Los que así piensan
tienen la envidia muy fácil,
y codician mis dolores
por el placer de envidiarme.
¿Envidia?.... ¿De quién, Dios mío?
¿De quién?
(aparte á María) Necesito hablarte,
j Ahora no! (id. á Ernesto)
(id.) ¿Cuándo?
Esta noche.
¡ No se envidia á los cadáveres !
ESCENA TERCERA
Dichos y Blas
(mirando á Ernesto y María)
(¡Siempre juntos!) ¿Cómo vá
la salud de mi pintor?
Jaime Me encuentro mucho mejor,
Ernesto Pues ninguno lo dirá.
Jaime ¿Por qué?
Ernesto ¡Si tienes un gesto
y hablas, mi Jáime, de un modo !
Jaime - Perdona si no acomodo
mí cara á tu risa, Ernesto.
Siempre que se oculta el día,
siempre que la noche empieza,
toda la naturaleza
llora de melancolía.
Me, agobia el último roce
con que la tarde nos hiere:
i mis ojos no ven que muere,
pero el alma lo conoce !
¿Y mis cuadros? (á Blas)
Blas (con gozo) Se han concluido,
Jaime ¿Bien?
Blas (con orgullo) ¡Los he vendido yo!
Ernesto ¡ Entonces, San se acabó !
i Cuando tú los has vendido !
Blas ¿Te estás burlando de mí?
Ernesto ¿No ves lo serio que estoy?
Blas Aunque comerciante soy,
para otra cosa nací.
Siendo yo así de pequeño....
Ernesto Cada loco con su tema.
Blas Ser pintor era el problema
sonrosado de mi sueño.
Aliento no me faltaba,
que lo tuve soberano;
pero esta picara mano
siempre mi afán traicionaba.
Y por más que trabajase
en los lienzos que teñía.
nunca, nunca conseguía '
- 13 -
que la ingrata se enmendase.
¡ Cuánto mi afán me costó !
¡ Cuánta prueba dolorosa !
¡ Una vez pinté una rosa
y un cardo me resultó !
¡ Parecía mi pincel
un de-lirio de pinceles !
¡ Eran muy buenos pasteles
mis pinturas al pastel !
Así he aprendido á admirar
lo que es grande y es hermoso :
¡ yo soy un pintor famoso
que nunca sabrá pintar !
Me hechizan tintes y galas;
no hay luz que no me deslumbre :
¡ tengo el afán de la cumbre,
pero me faltan las alas !
Jaime (con éxtasis) ¡La ejecución! ¡Realizar
lo que el numen deja ver,
es lo mismo que querer
sorberse el agua del mar !
¡ Por bello que el cuadro sea,
mucho más su germen vale !
¡ No hay ejecución que iguale
en hermosura á la idea !
¡ Os parecerá pequeño
todo lo que ejecutéis,
siempre que lo comparéis,
artistas, con vuestros ensueño !
Pasáis del sueño á la acción,
el pincel vibrando vuela,
y al fin ... . ¡ trazáis en la tela
la sombra de la visión !
¿Dónde. están sus ricas galas?
¿ Sus colores dónde están ?
¡ En el lienzo vuestro afán
puso el polvo de sus alas !
¡Y del polvo bajo el tul,
que no podéis descorrer,
se ha quedado sin nacer
/
- 14 -
vuestra mariposa azul !
Blas Algo de ese mal entiendo.
Jaime Nadie os copia, ensueños de oro.
Blas Yo, que los cuadros adoro,
ya no los pinto, los vendo.
Guardo los genuflexiones
y las fiebres de laurel,
para el ageno pincel
que da vida á mis visiones.
Sí hallo un numen superior,
me digo con alegría:
¡ Eso es lo que yo sería
si hubiese sido pintor !
Y creo en mis extravíos,
cuando doy con cuadros buenos,
que aquellos cuadros ágenos,
aunque son de otro, son míos.
Ernesto ¡ Cómica felicidad !
¡Ser tú y no ser tú !
Blas ¿Qué quieres?
Le debo muchos placeres
á esa extraña dualidad.
Donde habrá placer que iguale,
ante un lienzo superior,
al de hallarle un comprador
que os dé lo que el lienzo vale,
para decirle al qwe crea
y á quien turba el porvenir :
¡ Ya tienes para vivir !
¡ Baja, buzo de la idea,
al mar de tu corazón,
y tráenos en tus pinceles
lo rojo de los claveles
del huerto de la ilusión!
¡ Sube, forzando tu vuelo,
de los espacios al tul,
y roba un poco de azul
á la túnica del cielo !
Ernesto No te entiendo, soñador.
Jaímb (riendo) Siempre formaron mal dú©
- 15 —
el feo silbo del buho
y el canto del ruiseñor.
Blas (á Ernesto) ¿No reclaman las fierezas
de la multitud sombría
como un viento de poesía
que sanee sus pobrezas?
Pues abrid de la ilusión
el palacio de cristal,
donde un príncipe imperial
se casa con Cendrillón.
Dejad al que está sin luz
que burlando toda ley,
crea que le han hecho rey
de los tesoros de Ormuz.
¡Por qué es justicia ejemplar
que el que nada tiene, venda
diamantes bajo una tienda
de la fantástica Hardwár !
(Pausa. — Jaime se levanta, dirigiendo los
versos que siguen á los cuadros que adornar,
el taller).
Jaime ¡ Cuadros que yo concebí
y con júbilo pinté,
ya nunca mirar podré
las refulgencias que os di?
¡ Todo el teclado sonoro
de los colores calló
para siempre !
Ernesto (con burla velada) Y continuo
la luz siendo ríos de oro.
Aún es verdoso el pensil
y es azul el claro cielo,
vistiéndose el arroyuelo
con espumas de marfil.
La tarde de tintes rojos
con antiguos dramas pienso,
y lo negro. . . .
Jaime ¡ Esta efe la inmensa
oscuridad de mis ojos r
— 16 -
Blas Artista, sueños y rosas
tienen aciago destino :
¡ el dolor es el divino
plenilunio de las cosas !
Sueño, que en ritmo ó color
concluye por enflorar,
nace á la orilla del mar
proceloso del dolor.
i Del matiz y el son lo joven
debe su mágico brillo
á un sollozo de Murillo
y á un lamento de Beethoven !
(Pausa. — Jaime, ayudado por María, vuél-
vese á sentar).
Ernesto Me marcho para volver;
voy en busca del doctor.
Blas (aparte á Ernesto) (Que no vuelvas es
mejor).
Ernesto (aparte é irónico) Tengo aquí mucho que
hacer.
Blas ' (á parte y con ira) (¡ Lo que estás traman-
do es vil !).
Ernesto (con mofa) (¡ Bromas de los maldicentes !)
Blas (viéndole salir) (¡Yo le arrancaré los dien-
tes venenosos al reptil!)
María También yo vuelvo en seguida;
voy á ver lo que hace el niño.
Jaime Son su cuna y tu cariño
los dos soles de mi vida.
¡ Ve, mi bien, corre á velar
al hijo de nuestro amor,
tú que eres como el calor
de los muros de mi hogar !
ESCENA CUARTA
Blas
\ Jaime y Blas
Quiero hablarte.
- 17 -
AIME
Ya te escucho.
No sé cómo principiar.
¿Vas á causarme un pesar?
Voy á hacerte sufrir mucho.
¿Amas á María?
• ¡Sí!
¿Quieres á Ernesto?... ; Yo no!
¿Por qué tu labio juntó
nombres que no le pedí?
No consigo comprender
que razón ni que pretesto
enlaza el nombre de Ernesto
al nombre de mi mujer.
Es el mundo maldiciente,
y como Ernesto en tu casa
goza de un favor sin tasa,
ha dado en hablar la gente.
Pues hacen mal en hablar
y yo no se lo tolero,
que deben á los que quiero,
por ser míos respetar.
Yo cumplo con un deber
muy difícil de cumplir.
No me vengas á decir
lo que no quiero saber.
¡ No me traigas del montón
de babosas el veneno,
que podrías con su cieno
salpicar mi corazón !
Vine á ofrecerte mi ayuda
contra los chismes del bando.
¿No ves que estás engendrando
en mi espíritu la duda?
Deja que murmure sorda
en su cauce la corriente: -
¿ ay del llano si el torrente
espumoso se desborda !
- 18 —
Deja cernerse tranquila
á la nube cenicienta :
¡ ay de mi si la tormenta
dá luces á mi pupila !
No me quites la ilusión
de que es mío lo que ei mío :
¡ deja á la nube y al río
quietos en mi corazón !
BivAS Quiero evitarte la mengua
de lo que dicen las gentes.
Jaime ¡ Pues busca á los maldicientes
para arrancarles la lengua !
La calumnia más soez,
la especie más ponzoñosa,
para salir de su fosa
alas pide á la honradez.
1 Quede en el antro que incuba
con cieno sus tristes galas !
¡ No le prestéis vuestras alas
para que se extienda y suba !
Su grito no escucharán,
si sale del antro el grito ;
pero si yo lo repito,
¡ todos ¡lo repetirán !
El cuento difamador
no es el que inventa un malvado
¡ es el chisme comentado
por las personas de honor !
Blas ¿Y si tu afrentosa cruz
fuese, Jáime, una verdad?
Jaime Déjale á mi oscuridad
su único rayo de luz.
Antes de escucharte, había
calor en mi noche oscura;
¡ oyéndote, mi negrura
se há vuelto fría, muy fría !
La oscuridad, que me aploma,
se va rasgando veloz :
¡ era negra y á tu voz
— 19 -
matices de sangre toma !
•as ¿Y tú hijo?
ime ¿ Qué le habrá dado
tu conseja envenenada?
¡ María no será honrada,
pero Jáime aun es honrado !
Mientras yo nada recele,
no hay mancilla que me cuadre :
¡deja á la honradez del padre
que por el pequeño vele !
Su vida es sol de tristeza,
y no tendrá más venturas,
si en vez de dos amarguras,
con dos infamias tropieza,
Mi honor es mío y en mí
aun reside mi honor todo :
¡ no agregues montes de lodo
á las sombras que hay aquí !
/AS Conserva, pues, la ilusión
que á ser dichoso te ayuda.
ime ¡ No, que has dejado la duda
clavada en mi corazón !
i De dichas hablando estás?
¿Dónde abre esa flor su broche?
¡ Ya no la hallaré en mi noche
que se ha oscurecido más !
¡ Ya siempre buscaré en vano
lo que tú mi dicha nombras !
¡ Esa dicha eran mis sombras,
calentadas por su mano !
¿Quién de mi noche sombría
la lobreguez rasgará?
I Sobre mí no nieva ya
la blancura de María !
.as ¡ Perdóname ! No debí
aumentar lo que padeces.
jme ¡ Cómo creces, cómo creces,
oh noche, dentro de mí !
¡ Cómo agrandan tu crespón
- 2Q —
de mis dudas los antojos!
¡Oscuridad de mis ojos,
ya llenas mi corazón !
ESCENA QUINTA
Dichos y María
María ¿Estorbo?... Ya estoy aquí.
Blas (aparte) \iEUa. !
Jaime ¡ Ven, ven junto á mí !
que tu mano entre las mías,
delate las alegrías
y las penas que hay en tí !
¡ Mírame, que aunque no vea
de tus ojos el fulgor,
tanto el alma lo desea
que su brillo cegador
me trasmitirá tu idea !
Háblame y oiga tu acento
más que nunca conmovido,
que cuando tú me hablas siento
que soy ave cuyo nido
se encuentra en tu pensamiento.
María ¿Qué tienes, Jaime? ¿por qué
encuentro tu faz turbada?
(á Blas) ¿Qué ha pasado?
Blas i No lo sé !
Jaime ¡ No es nada, mi bien, no es nada,
no es nada, serénate !
Si te quiero con pasión !
Si no hay dudas ni desvíos
para ti en mi adoración !
Si es mío, ¿ verdad que es mío,
María, tu corazón?
Si en mi oscuridad sombría,
en mi inmensa oscuridad,
igual que antes me quería
me quiere aún, ¿no es verdad?
es alma de mi ¡María !
Si ya sé que está tan fuerte
mi suerte unida á tu suerte,
- 21 -
que cuando rompa estos lazos,
ha de encontrarme la muerte
en la prisión de tus brazos !
\ria ¡ Sí, Jaime, sí !
¡íME ¡ Sí lo creo !
Si adivina mi deseo
toda, toda la verdad !
Sí, sin verte, yo te veo
cercada de claridad !
Sí tu eres la enredadera
al guindo del huerto unida
con una pasión tan fiera,
que arrancarla de allí fuera
quitar á los dos la vida !
Del guindo por las raíces
se nutre el flotante tul,
y los dos alzan felices
nidos, susurros, matices
y flores al cielo azul.
Con un haz de su fulgor
el día al nacer los dora,
y en la noche sin calor
cierra más la trepadora
sobre el árbol su verdor !
Y caerá el árbol, ya seco,
si le arrancáis ese fleco
que está diciendo — ¡ te amo ! —
con Un ala en cada hueco
y un perfume en cada ramo.
laria Sí, Jaime, sí !
UME j Sí lo sé !
No lo digas, calíate,
perla de mi negro mar
y rosa dormida al pie
del madero del altar !
(á Blás) Tu que me traes los rumores
que circulan por ahí
como lobos ladradores,
cuenta á los calumniadores
- 22
como vivimos aquí !
; Qué ves ? Blancuras de armiño,
un pobre ciego y un niño,
una cuna y una cruz,
y sobre las dos la luz
inefable del cariño.
En mi huerto, la canción
de las tardas estaciones,
y aquí la palpitación
que funde tres corazones
en un sólo corazón !
A todos, á todos di
lo que has visto, lo que es cierto :
¡ que ella estaba junto á mí,
qeu hay perfumes en mi huerto
y un ángel dormido allí !
Que los viles piensen mal
no importa á los que son puros:
¡ nido que cimbra el terral,
ojalá fuesen tus muros
muros de terso cristal !
Blas Yo te dije lo que oí
no sé donde, ni se cuando.
Hice mal.
María (aparte) (¡Pobre de mí!)
Jaime (aparte) (Duda que me estás matando,
¿cómo librarme de tí?
; Dónde iré que en torno mío
tu tul no sienta flotar
siempre más ancho y más frío?
i Empezaste siendo río
y te has transformado en mar!)
ESCENA SEXTA
Dichos y el Doctor
Blas Adelante.
María ♦ Es el doctor.
Doctor ¿Y mi enfermo?
- 25 -
Ya ha olvidado
los seis meses que ha pasado
en lidia con el dolor.
Doctor Todo se cura con calma
y un poco de voluntad,
cuando está la enfermedad
más que en el cuerpo en el alma,
Resignarse es lo primero,
con el mal no merecido,
hasta que viene el olvido
que es el doctor verdadero.
¿Es verdad lo que nos cuenta
Ernesto ?. . . ¡ Pobre mujer !
Apartarse del deber
es chocar con la tormenta.
Ciegan siempre á la pasión
de la locura los velos: :
"El mayor monstruo los celos",
puso á un drama Calderón.
Y ha muerto ?
Muerta la vi.
y aquel cuadro daba pena:
¡ aun tengo la horrible escena
clavada, señora, aquí! (pausa),
(muy detallado) Escenario: un conventillo,
rojo suélo de ladrillo
que esparce sangriento hedor,
y sobre un lecho sencillo
la imagen del Redentor.
En el lecho un serafín,
y en la ventana un cristal
que colora de carmín
la refulgencia espeqtral
de un crepúsculo sin fin.
Dormido el niño ; en el suelo
extendida una mujer,
y en su rostro, que es de hielo,
una lágrima de duelo
que n« acaba de correr.
- 24 -
M Allí A
Doctor
Ernesto
Jaime
Sobre la humilde ventana
muestra el tiesto de un rosal
algunas ñores de grana :
cerca del niño, una anciana;
junto á la muerta, un puñal.
Y bajo la luz incierta
que cae temblando del cielo,
la mirada de la muerta
siempre fija y siempre abierta
sobre el pobre pequeñuelo.
' — ¿ Quién á esta mujer mató?-—
pregunto, y dice la anciana:
—Ella á su esposo engañó,
y él, loco, la asesinó
por celos esta mañana.—
Se va la sombra agrandando
en ei crisol mal bruñido:
la anciana vela rezando,
la muerta sigue llorando
y el niño sigue dormido.
—La quería con locura,—
luego la anciana murmura,
y atravesando el crisol,
besa al niño sin ventura
la postrera luz del sol.
Todo después queda en paz:
se borra el lampo fugaz
que la ventana colora;
la lágrima se evapora
del cadáver en la faz;
y guardando al niño puro
y á la muerta sin pudor,
¡ relumbra sólo en lo oscuro,
sobre lo negro del muro,
la imagen del Redentor !
¡ Pobre niño sin sostén !
Ya está preso el criminal.
Siendo padre, hizo muy mal.
Si era honrado, hizo muy bien.
I
- 25 -
aria Pero el huérfano... Su vida
empieza en noche nublada.
3CT0R No comprendo á la alborada
de roja sangre vestida.
Cegaron al criminal
de la muerta los desvíos :
; son los celos más bravios
y salvajes que un chacal!
ime La nube, en vapores rica,
aun á su pesar revienta :
; no culpéis á la tormenta,
si no al que el rayo fabrica !
¿Un hombre venga su honor?
i Es la nube que se raja!
¡Si el rayo fulgura y baja,
no culpéis al matador !
,as ¿Y del niño el porvenir?
¿ Quién recogerá su lloro ?
ime Por amor y por decoro
hay que matar ó morir.
Hay que evitar que se ría
de lo grande de tu pena,
el que en la amargura ajena
halla ocasión de alegría;
y es viril romper los lazos
que enlazan á otro hombre, Blas,
con la que ya no verás
ebria de gozo en tus brazos.
>ctor Peligra la curación
si el enfermo se acalora.
aria ¡Cobije á la pecadora
el sudario del perdón !
íNesto (tomando su sombrero) Basta de filosofía.
ictor (ídem) Poco con ella se gana.
as (á Ernesto) Voy contigo.
>Ctor (á Jaime) Hasta mañana.
ISe Acompáñalos. María.
— 26 —
ESCENA SEPTIMA
Jaime
El actor se levanta, y situándose junto á la venta
dice :
Dos noche tiene mi vida
llenas de siniestro horror,
dos noches en que el dolor
gana entera la partida;
¡ lágrima mal contenida
que te empeñas en rodar,
no calmarás mi pesar
aunque te deje correr,
que hay llanto en mi para hacer
diez veces más hondo el mar !
Una noche, la tirana
oscuridad que hay en mí,
vino á sorprenderme aquí,
junto á esta misma ventana;
y hoy la duda, que se afana
por dar formas al delito,
de mis ojos lo marchito
coloca en mi corazón,
; agregando á mi crespón
otro crespón infinito !
Era muy justo que hicieras
doble mi noche sombría;
á dos cielos, suerte mía,
corresponden dos cegueras.
¡ Si lo azul de las esferas
que del ave cruza el vuelo,
cerraste á mi ardiente anhelo
de formas y de color,
sobre lo azul de mi amor
debes tender otro velo !
Xo temas ; no gritaré
por muy fuerte que me hieras:
acepto tus dos cegueras
y con las dos lucharé.
Tras la verdad correré
- 27
• como ciego, sin premura,
y si en mi doble negrura
consigo con ella dar,
¡ prometo, oh suerte, saciar
tus hambres de desventura !
{Escuchando) Alguno cruza el jardín.
Son ellos... Suben... ¡Mejor!
¡ Verdad, acepto tu horror
con tal que vengas al fin !
¡O con tintes de jazmín
vestida consigo verte,
ó le probaré á la suerte
que sé cumplir lo pactado,
entregando ensangrentado
lo que más quiero á la muerte !
Aquí, tras esa cortina,
me escondo á verte nacer,
verdad, que pudieras ser
el rayo que nos calcina.
¡Ven; no tardes; te adivina
entera mi corazón,
y espero tu aparición
en las sombras escondido,
como espera el tigre herido
la zarpada del león !
ESCENA OCTAVA
te (oculto).— Ernesto y María (entran hablando
ya. — Toda la escena con voz muy contenida y apa-
si o nada.
ESTO
1 Huyamos, María !
HA
¡ No !
ESTO
¿No ves que vas á perderte?
HA
Si tarda tanto la muerte,
¡ no tengo la culpa yo !
ESTO
Mi secreto ya no es mío.
HA
Ni me importa ni me espanta.
- 28 -
Ernesto ¡ Mira que á tus pies levanta
montes de espumas el rio !
Todo lo puede arrasar
de las aguas el empuje:
¡ el puente se dobla, cruje,
y el río te va á arrastrar !
María ; Dejarle asi!
Ernesto Su ceguera
más sinceridad merece :
; traición de amor se engrandece
cuando es franca y es entera !
María ; Yo soy su único cariño !
Ernesto ¡ Mi fé, si quieres, le inmolo !
María ¿ Qué hará sólo, siempre sólo,
junto á la cuna del niño?
¿ quién sus pasos llevará
desde la cuna al jardín?
¿ quién, de su noche sin fin,
las sombras azulará?
Ernesto ; No me quieres !
María ¡Con pasión,
con languidez infinita !
Ernesto Pues refugíate en la cita
que te da mi corazón.
Evítame el acechar,
el mentir y el mal querer:
¡de aquí te arroja el deber!
¡ labra tu nido en mi hogar !
¡ Huyamos pronto !
María ¡ No puedo !
Ernesto ¡ Huyamos por ti y por mí !
María ¡ Para arrancarme de aquí,
le faltan fuerzas al miedo !
Ernesto No irrites á tu fortuna,
que obra con piedad sin tasa.
Nada existe en esta casa
que te retenga.
- 29 -
ría ¡Su cuna!
«esto i Vale muy poco un cariño
que á tantos ruegos me obliga !
ría ¿Dónde iré que no me si^a
la dulce voz de mi niño?
¿Qué llevaría á tu hogar
mi dolorosa ternura?
¡ Llevaría la amargura
de no poderle besar !
Mi labio no te mintió
al decir que te quería;
¡ pero el niño se alzaría
implacable entre tú y yo !
Y amargando nuestros gozos,
si te sigo y si te creo,
¡ me fingirá mi deseo
sus risas y sus sollozos !
nesto Cese tu vacilación,
olvidas que el tiempo vuela
y que Jaime ya recela
tu ternura y mi pasión;
que nos van á delatar
entregándote á la muerte,
sin poder, tú, defenderte
ni poderte, yo, salvar.
\ria Perderte á tí... ¡qué dolor!
perder á mi hijo... ¡no quiero
¡ Venga la muerte, la espero !
¡ Cuanto más pronto, mejor !
nesto Pues bien, llévale contigo
que al cabo es mitad de ti,
y te ama mi frenesí
mucho más de lo que digo.
Llévale, que mi pasión
á quererle llegará,
viendo que en el niño está
parte de tu corazón.
Llévale, pero en seguida,
y piense tu calma ciega,
-v-SO-
que en un minuto se juega
á veces toda una vida.
María, te esperó allí,
concedo cuando me pides ;
pero no olvides, no olvides,
que yo no me voy sin tí! (váse).
ESCENA NOVENA
Jaime y María
María ¡Jaime!
Jaime ¡ Sí, y es cosa fuerte
hallar donde no esperabas
al que juzgas que es tu muerte!
¡ Se engañaba y te engañabas !
i No más iras!. . . ¡'No más choques
¡ Nada mi encono dirá !
¡Eres libre!... ¡Vete ya!
¡ Vete, pero no me toques 1
María \ Perdón !
Jaime Puede la traición
de aquellos que hemos querido,
confiar en el olvido,
pero nunca en el perdón.
¡Ladrona, más que ladrona
que has penetrado en mi hogar
sólo para mancillar
el honor de que blasona;
yo podría perdonarte
que entre las sombras me hieras,
pero nunca que quisieras
todas mis dichas llevarte.
¡ El niño que duerme allí
es médula de mis huesos;
ya no mancharán tus besos
el alma que yo le di !
María ¡ Mi hijo!
- 51 ~
Iaimk j Suplicas en vano!
Vi aria ¡Jaime!
Jaime ¡ Al tocarme deliras,
que se embravecen mis iras
con el roce de tu mano !
María ¡ Suéltame ! j Piedad !
Jaime ¿Piedad?
¿ La tenias tú de mí
al abandonarme aquí,
solo con mi oscuridad?
María ¡Me haces daño !
¡¡Súfrelo
en castigo de tu engaño,
porque más ha sido el daño
que tu infamia me causó !
¡ Ernesto !
¡Calla y advierte
que ya nunca le verás !
¡ Ernesto !
¿No ves que estás,
mujer, llamando á la muerte?
¡ Déjame !
(ahogándola) ¡Mi mano sea
mordaza de mi baldón !
¡ Has despertado al león
y de ti se enseñorea !
¡ Recobra todo el veneno
que en mis venas has vertido,
víbora que te has nutrido
con la sangre de mi seno !
ESCENA ULTIMA
Jaime, Blas y María (muerta)
¡Jaime!... ¡María!... ¡ Está yerta !
¿Cómo ha sido?
] No lo sé !
- 32 -
Blas Dí con Ernesto en tu puerta
y todo lo adiviné.
Jaime ¡ Muerta* como el día muerta !
Ahora sí se apagó el fuego
que llenaba de haces rojos
la noche por que navego :
¡ Ahora sí, luz de mis ojos,
que estoy para siempre ciego !
TELON
Librería Teatral "APOLO
Corrientes 1361
Buenos Aires
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